PALACIO DUCAL DE PASTRANA. CURSOS DE VERANO

Ficha técnica

PALACIO DUCAL DE PASTRANA, CENTRO MEDIOAMBIENTAL DE INVESTIGACIÓN. CURSOS UNIVERSITARIOS DE VERANO, ACTIVIDADES CULTURALES Y CONCIERTOS.

Plaza de la Hora, 19100, Pastrana (Guadalajara).

Alonso de Covarrubias (s. XVI).

Restauraciones: Mediados del siglo XX y en 2002, Antonio Fernández Alba y Carlos Clemente.

Descripción

El edificio constituye una de las mejores construcciones civiles en piedra del Renacimiento Español: planta cuadrada con torres en las esquinas y articulación del interior en torno a un patio central. La fachada, construida en sillar, solo está decorada por una secuencia de vanos y la leyenda, en el centro “De Mendoza y de la Cerda”, que alude a los propietarios del inmueble. Portada renacentista con arco de medio punto almohadillado, rematada con frontón y encima balcón. En el interior  se conserva el salón del trono, la capilla y las habitaciones de la Princesa de Éboli.

Historia

Ana de la Cerda y Castro, abuela de la famosa princesa de Éboli, encargó a Alonso de Covarrubias la construcción de este palacio en el año de 1541, que nunca llegó a concluirse. La nieta, junto con su marido, residió aquí, e incluso fue encerrada hasta su muerte a instancias de Felipe II, acusada de la muerte del funcionario Escobedo. La Universidad de Alcalá adquirió esta construcción al arzobispo de Sigüenza en el año 1997.

Imágenes


Planta (José Saborit)


Plano de la Fachada (José Saborit)


Dibujo de la portada restaurada (Carlos Clemente)


Fachada (José Saborit)


Salón de actos (José Saborit)


Artesonado (José Saborit)

Patrimonio

Su ubicación, entre la pendiente del río Arlés y el convento franciscano hizo que se diseñara un jardín en pendiente que jamás se concluyó.. En el interior destacan los artesonados, las chimeneas, los zócalos de azulejería toledana, la colección de muebles chinos del siglo XIX y los tapices contemporáneos de Luis Cienfuegos.

Curiosidades

La leyenda dice que la princesa de Éboli, encerrada en una de las torres del palacio, sólo podía asomarse durante una hora al día a la plaza que se abría ante el edificio. La plaza se denomina “de la hora”, precisamente por esta circunstancia.

TwitterFacebookGoogle+LinkedInPinterestEmail

Comments are closed.